Google Earth y Google Maps revolucionaron y acercaron a la persona de la calle los sistemas GIS, que hasta hace bien poco eran de uso exclusivo de grandes empresas y organismos gubernamentales, los cuales podían asumir los altos costes de implantación. Con Flick y Panoramio la geolocalización se aproximó a la fotografía de una manera más palpable. Al igual que Iberimage, algunos grandes bancos de imágenes permiten mostrar en un mapa y con una exactitud asombrosa, el lugar donde se ha realizado una instantánea. Para ello recurren a la información guardada en el EXIF de los ficheros digitales. El EXIF al igual que el IPTC guarda metainformación sobre nuestras imágenes. Alguna de ella es introducida automáticamente por la mayoría de las cámaras actuales del mercado (velocidad de obturación, diafragma, ISO, método de medición, modo de flash, fecha y hora…) mientras que otra información puede ser introducida bien en la cámara (método engorroso) o mediante software a través del ordenador (pie de foto, autor, copyright, etc…)
¿Qué ocurre pues con la información que necesitamos para geolocalizar nuestras imágenes? ¿La cámara la introduce por nosotros? O en su defecto, ¿debemos nosotros introducirla por ella?
Es obvio que ningún fotógrafo, ya sea profesional o aficionado, se plantearía actualmente introducir en cada una de sus imágenes, los valores de diafragma y velocidad de obturación. Recordemos sistemas, tan innovadores en su momento, como la descarga de los parámetros básicos de las fotografías en cámaras de película, como en la Nikon F90. A través del “amado-odiado” interface de 10 pines de Nikon y el cable “adecuado”, se podía hacer a mano con paciencia y un soldador o pasar por el distribuidor y pagar muy bien el capricho, permitía conectar la cámara al puerto serie de un PC. Mediante el software de turno (de Nikon o terceros) se disponía de parte de la actual información “EXIF” de un limitado número de carretes, la cual se podía descargar del buffer de la cámara al PC. Este sistema tenía la ventaja de permitir a los aficionados como yo, ver con que parámetros habían tirado las fotografías y así, con la fotografía en la mano, ver en que habían pecado al ver tal desastrosa imagen… Ahora me siento afortunado y necio a la vez, de haber podido despilfarrar tanto tiempo en averiguar que fotografía correspondía al frame 15 del carrete 5 para comprobar que si, había sobreexpuesto la película en 2 puntos (cualquier lo habría visto a simple vista pero los informáticos somos así… y si no lo vemos en una pantalla, no nos lo creemos).
Con la tecnología hemos avanzado bastante y las cámaras a parte de permitirnos sacar más y mejores fotografías, también nos ayudan a perder menos tiempo en trabajos tediosos, pero necesarios. Para un archivo gráfico y un profesional, el valor del diagrama y obturación de una instantánea no es algo importante (nadie busca fotografías con un F2.8 o tiradas a 1/500), pero sí lo es su localización. Con la localización exacta de una fotografía podemos incluir información a la misma (país, provincia, ciudad… ) y sobre todo podremos buscar imágenes del mismo lugar y alrededores.
Los dos valores esenciales para geolocalizar una fotografía son la longitud y la latitud (algunos GPS y cámaras también permiten guardar la altitud). Estos son los valores que debemos incorporar a nuestros archivos para que más tarde podamos trasladar estas coordenadas a un mapa. El dilema sigue siendo: ¿quién lo hace?
Algunas cámaras, como la Nikon D200 y su sucesora la D300 (sin menospreciar a la serie D2X y D3, con las cuales no he trabajado) permiten conectar un GPS directamente a la cámara. Para ello, la empresa japonesa lanzó un gadget (el MC-35) que, ¡¡oh dios mio!!, volvemos a mi “querido” interface de 10 pines, permite conectar un GPS con salida RS-232 al conector 10 pines de la cámara. Si el GPS es compatible en velocidad del puerto (4800 bps) y en el protocolo (NMEA 0183) tendremos nuestra flamante cámara con un “aparato” colgado (a veces considerable), el cual nos incorporará, ¡¡si hay señal GPS!!…y ¡¡jamás en interiores!!, directamente en nuestro EXIF las coordenadas de nuestras instantáneas. Este sistema puede ser el ideal (ideal sería que el “cacharro” fuera integrado) ya que nos olvidamos de tener que pelearnos más con las coordenadas al igual que lo hacemos con los demás datos EXIF. Las mayores pegas son que no todas las cámaras admiten conectar un GPS al cuerpo (consideremos que hemos hablado de cámaras profesionales con un precio y peso considerable), lo engorroso de tener otro cacharro colgando en nuestras manos (no olvidemos nunca el peso del conjunto y la ergonomia) y por supuesto, que no da cobertura en interiores ni en otras zonas sin señal GPS.
Para evitar estas incomodidades, aunque a mi entender es más un tema de costes, algunos espabilados han sacado otros gadgets que nos ayudan a suplir las carencias de nuestras cámaras. Por ejemplo el SONY GPS CS1, el cual y aunque parezca una cantimplora, es algo más sofisticado que un botijo. Algo tan sencillo como un GPS con una memoria interna, el cual guarda periódicamente (cada pocos segundos) nuestra posición GPS y la hora de la misma. La memoria (amén de ser infinita) nos permite tirarnos días y días viajando sin preocuparnos de quedarnos sin rastro. Luego llega el momento de la verdad: ¿cómo funciona el aparato?… Pues el principio es sencillo: si por un lado tengo en el EXIF de las fotos el momento exacto de cuando la disparé y por otro lado, en el GPS tengo las coordenadas exactas de ese momento (o unos pocos segundos antes o después), pues ya tenemos ligadas nuestras fotografías con las coordenadas. SONY proporciona el software que permite vincular automáticamente ambos valores y mostrarnos el resultado… pero por supuesto, sólo garantiza que sea compatible con algunas cámaras digitales de la marca.
A muchos simplemente no les interesa la geolocalización… al igual que hace unos pocos años a muchos, quizás más, no les interesaba la fotografía digital. Para el resto y para los que el presupuesto, las ganas de llevar cosas colgando o la mera desidia, no les da para más, siempre les queda el trabajo manual. Con algunos softwares más o menos elegantes y cómodos, se puede editar los campos EXIF de las fotografías e introducir en ellos nuestras valiosas coordenadas. Este método es válido para fotografías prediluvianas e incluso daguerrotipos… puesto que no necesitamos capturar las coordenadas en el mismo instante. Por supuesto, también podemos geolocalizar cualquier punto…aunque sea el fondo de una mina. Para los que no han caído en el mayor de los problemas, digamos el único que tiene este método, siéntate y prepárate a invertir horas y horas en revivir tus viajes en mapa y vista cenital, intentado acordarte de donde sacaste cada una de tus fotografías y por supuesto… ¡¡acertando en el mapa!!.
Para los que hemos tenido la suerte de probar y seguir probando métodos, como para los que a esto les parece ciencia-ficción, les aconsejo que vean el resultado final tanto en Iberimage como en otros archivos, puesto una vez visto… ¿a quién no les gustaría tener sus fotos geolocalizadas? . Todavía me acuerdo del gusanillo que le entra a uno cuando revive un viaje vía Google Earth mediante sus fotografías. Os adjunto mi primer reportaje con GPS (Viaje Túnez geolocalizado para Google Earthz en Iberimage) y el enlace al fichero actualizado para Google Earth y en constante expansión de fotografías geolocalizadas de Iberimage.
Todos los trabajos duros se hacen más amenos cuando se ven los resultados y más cuando son tan visualmente atractivos como la geolocalización de fotografías. Por desgracia, hasta qué los fabricantes prefieran incluir un pequeño y barato chip GPS del tamaño de una moneda en las cámaras (coger un gps, quitarle la batería y la carcasa y ver que se os queda) , tendremos que dedicarle algo de dinero y sobre todo tiempo a geolocalizar nuestras fotografías. Pero no se lo tengamos en cuenta… al fin y al cabo sólo nos duele en los cuellos, espaldas, ojos y bolsillos.